Tus palabras serán mis alas

Mis relatos

A cambio de nada

Hoy es uno de esos días que urge aspirar este flamante sol de primavera y más si cabe  cuando parece que será cuestión de días hasta que  la lluvia nos envuelva de nuevo  en su nostálgica luz.   Estoy  sentada en una terraza, en la zona más bohemia de la ciudad,  las pequeñas mesas de madera pertenecen a un barucho de esos de toda la vida que aglutina  el aroma añejo de sus licores mezclados con el tiempo y una  humedad que las paredes desprenden con apatía pero sin descanso, intentando zafarse de  la gruesa  capa de pintura que las asfixia.  Una Amstel con limón y unas patatas fritas que desbordan el   pequeño plato son un buen preludio para una comida en buena compañía.

Frente a mí, un chaval  alto y muy delgado extiende una especie de manta o  jarapa color verde con grecas  peruanas en el suelo, está  a escasos veinte metros, se sienta y acomoda su espalda sobre la fachada de un local que se anuncia en venta. Sus largas rastas no me dejan ver su cara, pero adivino una tez morena y unos ojos claros.  Toda su atención está centrada en encontrar algo en un pequeño hatillo mientras  un escuálido galgo asoma por la calle, dócilmente se tumba al lado del joven, cubriendo con parte de su cuerpo los pies semidesnudos calzados en unas escuálidas  sandalias de cuero. Él acaricia el lomo del animal, después  se acerca  una armónica a los labios, sus manos en cuenco sujetan y parecen dar forma al instrumento que comienza a arrojar suaves sonidos encadenados conformando una melodía conocida y evocadora “Diamonds and Rus”. Aquél  jovencísimo Dylan y  una Joan Baez   que me tararea con su cristalina voz en el oído, desempolvando un recuerdo casi moribundo que se coló cuando era  muy niña y que  posteriormente me acompañó intermitente durante mi primera juventud y  a través del extraño túnel del tiempo y las sensaciones dormidas, se me despierta la  inusitada necesidad de llevarme a los labios uno de esos Marlboros de cajetilla roja y blanca, con idéntica urgencia que  hace años.  El chico está entregado por entero en cada nota, mece su cuerpo atrás y adelante, remando en una oleada de música interpretada de forma magistral.

Los músicos de  calle deberían considerarse indispensables en cada ciudad, sería una buena idea  nombrarlos trabajadores públicos, con su consiguiente asignación,  y que pasaran a formar parte  del día a día en las calles de la ciudad, reconocer lo importante de su aportación  para  engalanar y transformar  el triste e  insulso  gris del  asfalto   creando  una atmosfera propicia para  detenerse, deleitarse, reflexionar, recordar y cómo no, para soñar, y de este modo por un momento olvidamos las tensiones diarias, las eternas preocupaciones, algo así  como una pequeña y excepcional terapia, mucho más necesaria y sobre todo eficaz que ciertas tareas reconocidas y remuneradas a cargo del dinero público.

Recapacito sobre este pensamiento que muchos considerarán un brote de locura o a lo sumo  un desvarío resultado  de mi vaso vacío, pero no, es la reflexión de ésta que escribe y  que  por suerte o desgracia,  no acaba de posar los pies en el suelo.

Es hora de marchar, me levanto y le miro,  él esta ajeno a mí  y a todo lo que le rodea,  dedicado en cuerpo y alma a interpretar su  partitura invisible, sin  gesto que indique que espere una mínima  recompensa por su íntimo y fantástico concierto.  Mientras me alejo suenan unos acordes, que me detienen y  erizan toda mi piel, es el  “Halleluya” de Cohen y tengo que hacer un esfuerzo para reprimir las ganas de acercarme y plantarle un beso.

Leha


La visita

Hola amor, perdona el retraso, estoy  reventado.

El tráfico estaba imposible y al final decidí venir en bus. Cogí la linea  siete  y de camino me di cuenta de que habían cambiado el itinerario,  ahora hace un trayecto que pasa cerca de la muralla justo enfrente de la galería de arte, que  por cierto, a más de las cinco, la puerta estaba cerrada con todos vuestros alumnos fuera, imagino que Ana se ha vuelto a descuidar, no te extrañe que de seguir así la acaben despidiendo;  bueno como te iba diciendo, me tocó bajar en la Plaza del Mercado  y allí esperé más de cuarto de hora  hasta que llegó el de la linea dos,  tiene una  parada a unos cien metros de aquí, venía atestado de gente  y no veía el momento de salir…¡un desastre!

Antes de que se me olvide ¿sabes que he escuchado en las noticias?que hoy hay luna llena y parece ser que se podrá ver con un  matiz escarlata, así que  después de cenar subiré al ático y haré un montón de fotos para enseñártelas mañana, vendré antes no te preocupes, no se me volverá a ocurrir coger el   bus y  perder toda la tarde.

 Mira,  ya viene Don Daniel. ¿te has fijado que cada día está más delgado?? yo creo que algo le está devorando por dentro, tiene mal color y parece  más encorvado.

-Buenas tardes David

-Hola Don Daniel   acabo de llegar, es que había muchísimo  tráfico y en vez de traer el coche vine en bus, encima no sabía que habían cambiado los trayectos, no se imagina que odisea ha sido llegar hoy pero   ¿es tan tarde ya?

-¿Tarde? tarde depende para qué, pero para estar aquí sí. ¿Por qué no vas a tomar algo? llamas algún amigo y…

-Gracias  Don Daniel, pero  lo mejor que puede hacer es meterse en sus asuntos.

-Perdona hijo, no quería molestarte.  Tienes que irte ya,  voy a cerrar.

-¡Pero si le estoy diciendo que  acabo de llegar!

Lo siento amor, no quería enfadarme pero a veces me saca de quicio, ¿qué más le da dejarme   aquí contigo? nadie se iba a enterar,  no me gusta que estés  sola de noche  en este lugar tan apartado;  los cipreses son como bayonetas  afiladas   apuntando al cielo y ese viejo encorvado,  ya no puede ni  agacharse a arrancar  la maleza que crece por todas partes y que solo sirve para esconder reptiles  y esos insectos  que tanto te aterran, pero no te preocupes esto acabará pronto.

Estoy  planeando sacarte  de aquí y cuando lo consiga, nos iremos  donde siempre quisiste descansar y allí  te entregaré  a las viejas olas,  para que  la marejada te envuelva con fuerza  y te devuelva a  su vientre,  estarás  rodeada de estrellas que brillan sin luz con  hermosos caballos cabalgando sin riendas  y  por fin podré estar contigo, no habrá guardián  que me cierre las puertas y me  devuelva a esa tierra inhóspita donde ya no queda ni  un mísero lugar para poder respirar lejos de  tu cuerpo.

Leha

 


ELECCIÓN

Después de tanto tiempo una nueva oportunidad era un regalo.

Tras más de quince minutos intentando aparcar, el cartel del restaurante parpadeaba  al final de la calle. El tráfico era denso y ruidoso propio  en la zona  centro  de cualquier  ciudad al final de la tarde de un viernes.  Estiró las mangas de la americana, apresuró el paso y echó un vistazo a  su imagen reflejada  en el escaparate una antigua y conocida  pastelería que en ese momento bajaba sus persianas.

A lo mejor debería haberse decidido por un look más desenfadado. ¿ Y si  daba la impresión de un  tipo  encorsetado?, además le apretaban los zapatos,  Jorge y su insistencia de prestarle aquellos Martinelli  de una talla menos,  le estaban matando. Notó la humedad en las axilas e imagino los cercos  calados en su camisa.

Se estaba agobiando, así que prefirió fantasear pensando en el encuentro, ¿Cómo  estaría ella después de  ocho años? su rotunda negativa de intercambiarse fotos le hacía plantearse muchas posibilidades y precisamente eso  lejos de tranquilizarle  lo alteró aún más.

Escuchó voces que provenían de un corrillo de gente que obstruía la entrada al local. Algunos encendían un cigarro y  debatían en un tono acalorado  qué opción era la mejor para continuar la velada, entre comentarios jocosos haciendo referencia a los platos   que acababan de  consumir.

Con veinte minutos de retraso y a  menos de dos  metros de la puerta  paró en seco, de pronto  no le pareció tan buena idea intentar  lo que  fracasó  hace años,   una cosa era una conversación de vez en cuando por face y otra bien distinta sentarse frente a alguien que  lleva los posos de  un pasado en común y las huellas invisibles del resentimiento de   una relación, que desde un principio estuvo abocada al fracaso.

Se deshizo de la chaqueta  y la arrojó a manos de   un joven que en ese momento se unía al grupo enmudecido que  le  miraba  perplejo;  se desabrochó la camisa tomo una bocanada de aire y comenzó a correr sin dirección cruzando la calle,  provocando que los coches frenaran bruscamente y desatando los gritos de los conductores que arremetían junto al ruido ensordecedor del claxon,  su comportamiento irracional y absurdo.

En medio de aquel caos, él solo acertaba a huir, a correr  todo lo que sus piernas le permitían, queriendo dejar atrás  un reguero de oportunidades  perdidas.

Leha

 

 

 

 

 

 


Cuéntamelo de Colores

-El arco iris se produce cuando un rayo de luz se encuentra con una gota de agua que está suspendida en el aire, entonces la gota actúa de prisma y  descompone esa luz en todos sus colores y como esa luz entra y sale a través de la gota, lo refracta hacia la parte del cielo  en que está el sol y es cuando….

_¡¡¡No así no!!! Cuéntamelo como lo hace el abuelo

Sebas cerró el libro y  se frotó la parte posterior del cuello, miró el reloj, echó la cabeza hacia atrás, signo inconfundible de que empezaba a perder la paciencia

_ A ver Mónica, ¿cómo te lo cuenta el abuelo?

_Diferente.

_¿Pero, el abuelo mira el libro de naturales mientras te lo explica?

_¡Pues claro!_ lo dijo al mismo tiempo que asentía una y otra vez  con la cabeza de manera que no dejaba lugar a ninguna réplica.

-Entonces voy a llamar al abuelo para que me explique que es un arco iris.

-Pero el abuelo ahora no tiene el libro y no va a poder.

Imitando el tono y el timbre de su voz, Sebas se agachó y se puso frente a ella.

– Claro queu no va a poder porque en el libro solo pone lo que te he dicho yo, nada más, así que todo lo que te haya dicho el abuelo  es de  cosecha propia.

-¿El abuelo cosecha??

_Ya basta Mónica, deja de tomarme el pelo.  Son mas de las nueve  y en media hora tienes que acostarte, estoy cansado y no entiendo como a estas horas aún tengo que explicarte algo que deberías de saberte para mañana, creo que has tenido suficiente tiempo en toda la tarde para haber repasado el tema.

_¡¡¡Eres un aburrido!!!!- Y sin más se bajó de la cama de un brinco y corrió descalza hacía el baño con los ojos inundados de lágrimas.

-¿¿¡¡¡ Aburrido!!!??? ¿¿¡¡ Aburrido dices???  Y alzó la voz para que lo oyese –  yo no soy aburrido ¿¿me oyes??

Después de más de ocho horas entrando y saliendo de  la oficina, otra hora de atasco para volver a casa encontrarse a una niña con ganas de fantasear era una prueba de fuego, sobre todo si esa niña era tu hija, tiene siete años y siente una pasión desmesurada por su abuelo y sus batallitas fantasiosas.

-Papá soy yo ¿puedes explicarme  qué historia has contado ésta vez a mi hija?

-Ah hola hijo, je je je,  a ver ¿cuál de todas?

-A Mónica papá, ¿a cuál va a ser? Que yo sepa solo tengo una hija y te juro que va a ser así por los siglos de los siglos

-Amén hijo amén, qué mal humor tienes siempre, si cobraras a fin de mes por todo lo que gruñes te aseguro que vivíamos en un casorio descomunal en medio de una de esas urbanizaciones de postín a las afueras de…..

-¡¡Papá basta ya!!

-Pero hijo…

Arrojó el teléfono sobre el sofá; odiaba escucharse,  odiaba la manera que tenía de hablar  y tratar a todo el mundo, escupía rabia a todos por los que sentía un amor incondicional, más inexplicablemente se prodigaba en atenciones  y  en querer agradar a    personas que no le importaban en absoluto. Se supone que un relaciones públicas tiene que tener  la capacidad de conexionar con las personas, de establecer vínculos, de tender puentes, si era capaz de hacer todo eso en su trabajo, ¿ porque  resultaba tan complicado cuando trataba de hacerlo con los suyos?, debería de ser aún más sencillo y mucho más gratificante si cabe.  Con la palma de la mano abierta secó la humedad en los ojos, en la puerta Mónica le observaba, corrió hacia el sofá y cogió el teléfono.

-¿Abuelo?

-¡¡Móni!! ¿ y tu padre? Parece que se ha cortado

_No abu, que papá se  olvidó de que tenía puesta la sartén y salió volando y claro, te dejó plantado.

_Ahhh ya decía yo,¿ pero no es un poco tarde para no haber cenado?

_Ehhhhhh …….abuelo que luego te llama ¿vale?

Pulsó finalizar y se acercó a Sebas.

_ A mí me llaman cosas peores en el cole y no me enfado tanto, pero bueno, si te sienta tan mal que te lo llame lo retiro. Ya no eres un aburrido, ¡hale!

-Mónica no es eso, además tú te has enfadado también.

-Ya, pero lo mío es distinto, yo puedo llorar tú no.

-¿Ah no? ¿y porque no?

-Porque no papá, yo soy pequeña y me estoy haciendo y tú ya estás hecho.

Sebas la miró extrañado – ¿y eso que quiere decir?

-Pues eso, que yo puedo llorar y tú no.

 

Cuando volvió de acostarla en su habitación, se dejó caer en el sofá, estiró el brazo para bajar la intensidad  de la única luz que quedaba encendida y desahogó toda su hastiada tristeza.

 

El timbre del microondas sonó en la cocina justo cuando Sebas abrió la puerta de la habitación de Mónica,  ésta se asomó entre las sábanas y su sonrisa disipó cualquier huella de sombra que pudiera quedar de la noche anterior.

-Iris es una hermosa joven que lleva  hermanados en su cuerpo  la magia de los colores. Fue nombrada mensajera entre el cielo y la tierra, encargada por ello de proclamar el pacto entre los humanos y los dioses. Anuncia el fin de las tormentas, está casada con Céfiro, dios del viento del oeste,  Iris  igual de rauda  que su compañero,  es  capaz de  atravesar todas las regiones del mundo, bajar a las profundidades marinas y llegar hasta el último rincón del mundo subterráneo poniendo luz y color a la más negra oscuridad.

-¡¡Pero papá si esa es la historia que me contó el abuelo!! 

Sebas sentado al borde de la cama tomó en brazos a la niña.

Ayer entre sueños  recordé la leyenda que  el abuelo me   contaba para  que no me dieran miedo las tormentas. No es bueno olvidar de lo que estamos hechos ¿sabes?  así que voy a llamar al abuelo para que a partir de hoy me recuerde esas historias y   otras muchas cosas que necesito volver a descubrir.

Leha


….de Navidad

                                     Abrí los ojos.

decoracion-navidad-vintage-20142Había llegado por fin. Nada era comparable a aquellos días que estaban por venir. La casa olía diferente, el frío en la habitación aun habiéndose intensificado se hacía más soportable. Me giré al lado contrario y subí un poco más las mantas hasta quedar oculta en mi particular iglú de lana. Dentro de esa templada oscuridad encontré  todo aquello que apresuraba los latidos de mi corazón. Cerré los ojos.  El árbol  en sus aderezadas ramas,  sostenía esferas cubiertas de brillantina, campanillas doradas,  pequeñas cajitas recubiertas  en papel de celofán, piñas esmaltadas, ángeles alados,  todos arropados por un tupido espumillón rojo, que  trepaba bordeando desde la  base hasta la estrella que se alzaba en lo más alto del abeto. Disimuladas entre la espesura del verdor, decenas de bombillas  diminutas estrellaban sus colores una y otra vez,  sobre  las paredes del pequeño salón. La mesa extendida  bajo el mantel inmaculado. acogía   la vajilla de fina loza con motivos florales.  La esbeltez y el orden degradado de las copas, anunciaban una larga y especial velada, alumbrada  por la incandescencia de los anchos cirios rodeados de acebo.

 

 Salté de la cama y corrí hacia la estantería.1874888c4828670fdcd180a84792acbf

Los abuelos estarían allí muy pronto, con su escueta maleta de  cuero y sus miradas desbordadas  de gratitud y amor. Mamá  llevaba días que iba y venía, alterada por ver que su  afable rutina, se rendía ante la impronta de quehaceres para que  todo estuviera a punto  y que  hasta el más mínimo detalle, quedara bajo un  silencioso y armonioso control. Papá había abandonado su permanente aire cansado y en el ocre de sus ojos  se adivinaba un nuevo color intenso y al tiempo transparente;  él sabía lo que todos esperábamos con  regocijo:  la noche del  24 de Diciembre, cuando poseído por no sé bien que bendito maleficio,  ignoraba todas las preocupaciones que surcaban su frente y  entonaba los villancicos más desafinados y  más maravillosos que yo jamás había oído, provocando que todos nos uniésemos a él con el pretexto de encubrir su inepta condición de tenor.

871ac40e178d88e31c6145b7a5883c72Alargué un poco más el brazo, hasta tocarlo. Ahí estaba,  esperando ser rescatado de los últimos meses de olvido, cuando la casa volvió a su estado original y la Navidad se replegó al fondo de las viejas cajas  que volvieron a ser  almacenadas en un rincón del trastero.

Abrí el libro por la última página donde rezaba el índice de cuentos y  comencé por el de siempre, el que la  abuela me leyó siendo yo muy pequeña,  un día de Navidad, sentada en su regazo. Desde entonces hasta hoy, me gusta recordarlo; es  una historia escrita sin rastro de imaginación tan veraz era ayer, como lo es hoy, un relato sin final feliz,  al que  se le robó el dulce adiós  de un ….. “y fueron felices y comieron perdices”

Leha

 

 


El Puño Silencioso (25 de Octubre)

Siempre  pensé que un golpe se  siente si un puño estalla en la cara, en el estómago o en cualquier parte del cuerpo.

Que duele solo lo que sangra y  que cuánto más roja y grande es una herida, más  intenso es el sufrimiento.

He preferido  vivir  mucho tiempo  en esa  ahuecada ignorancia, que me protegía de la repugnante realidad.

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Acostumbraba a pasearme  hipnótica  durante mañanas enteras   al cobijo de la multitud, consumiendo  vida al ritmo de una ciudad hirviendo, con la urgencia en los tacones y la rutina contenida  en los  bolsillos.  Me mezclaba entre todos ellos, respirando una normalidad aterciopelada y anónima que me abría  los  pulmones,  intentando aflojar  el  nudo que  la ansiedad  ceñía, cada vez más prieto, alrededor de mi pecho.

En verdad no era para tanto,  yo  no era una de esas pobres  mujeres  que sufren lo indecible y que  para disimular su desgracia,   maquillan sus  moretones con polvos rosados,  porque  su día a día es una cuenta atrás que finaliza, cuando se desata el primer bofetón que da paso a otra paliza más, siempre  al amparo de los muros de un mal llamado hogar.

Lo mío no tenía importancia era…era otra cosa,  triste sí,  pero bien distinta.

Ricardo  siempre fue  de boca ancha y modales estrechos, pero  no  era malo, solo había que saberlo llevar y jamás me puso la mano encima.  La paciencia no era su virtud y los días que llegaba cansado ya sabía, que cualquier cosa sin importancia haría saltar la chispa;  podía ser  una simple  camisa sin planchar,  el ruido del aspirador o el cenicero sin limpiar, entonces  para mantener  bajo control  el tono y el volumen de sus protestas , me callada e iba corrigiendo todo aquello que lo alteraba.

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Lejos de ir apaciguándose, él se iba  mostrando cada vez más irritado por cualquier cosa  y lo peor de todo es que acabé siendo yo el blanco de su mal humor. 

 Me miraba con desdén, casi me atrevo a reconocer que  con desprecio y  me atacaba donde sabía que  me dejaba sin respuesta, disfrutaba haciéndome ver  cuánto y de qué manera había  cambiado mi cuerpo,  ridiculizando  cualquier iniciativa mía de regresar al trabajo; mis opiniones sobre cualquier  asunto las rebatía con desproporcionada   ironía y socarronamente zanjaba el tema de la misma manera  –“ Cállate que no tienes  idea de nada”-esa frase ha quedado por siempre tatuada con su voz, en mi cerebro. Desde entonces siento que tengo poco que decir y  me  he ido dando cuenta de  que apenas hablo. Dejamos de hacer cosas juntos. Alguna vez si salíamos de compras, yo iba todo el camino  tensa, rogando en silencio que por nada del mundo se burlase de mí si decidía probarme alguna prenda que no fuera de su agrado y darle la oportunidad, de escupirme una vez más delante de todo el mundo, que yo ya no tenía cara ni cuerpo para ponerme esas cosas, que ya  se pasó mi tiempo.

Entonces me hacía pequeña y solo acertaba a seguirlo  hasta el coche  para  hundirme en el asiento con el único deseo de llegar a casa, encerrarme en el baño y llorar a gusto, desahogando la rabia del dolor de su puño  golpeándome  sin dejar  eso si, rastro de sangre. 

Ya no me  quedan fuerzas para  levantarme, la realidad es como una lápida que me aplasta sobre el colchón dejándome inútil y vencida; a lo mejor  mañana…mañana quizás tendré el coraje de salir de casa, besarme las ganas y arrancarme de la vida los puñales que me hieren.

Leha

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