Tus palabras serán mis alas

De Música

Sin contar los pasos

De vuelta al origen.

Allí la arena es virgen y el mar aún no aprendió a palpitar.

Tumbarse en la playa sin nombres grabados  que esperen morir dentro de un beso de  agua.

Bañarse en  la ausencia  de una huella,

al amparo de cualquier recuerdo que amenace con encallarse sobre la memoria.

Hay  tiempo consumido que cae como lluvia ácida,  desnudarse de todos los años de invierno secará y calmará la piel.

No hay  que temer al camino.

La vida espera,

             sin contar los pasos…

Lehahiah


Hell

 

 

¿Lo oyes?

Es el mar que ha encolerizado, fustiga a las olas para que arremetan salvajes contra el malecón.

Van llegando  manadas de lobos que despedazan  entre sus fauces la templanza de la noche, convocan entre   aullidos a un  invierno aterrador que expulsa  de su aliento, fumaradas gélidas que coagulan la sangre.

¡¡¡Pronto!!!!

¡¡Huye, corre lejos de aquí!!

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El infierno arde en las venas

y ahora yo

he dejado de creer

 en los milagros.

 

 

 


Lehahiah

 


….y ahora

 

 

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..Y una vez más,
 contigo Cohen
 todo me resulta bello.

El Orden de las Cosas

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Estaba cansado.

Tras siete horas de sueño profundo aún se levantaba con la misma sensación de abatimiento todos los días, por eso había pensado que tal vez no le vendría mal alguna de esas vitaminas que se  anunciaban en las farmacias.

El café en una de las tazas terracota, y media docena de galletas amortiguaban el ruido dentro del estómago y le daban el pistoletazo de salida.

Del recorrido de todas las mañanas, la tertulia tras las noticias en  la radio era un elemento más del trayecto. Las reflexiones y los análisis de aquellos desconocidos,  se habían convertido en un elemento más del viaje pese a que  ni sus encorsetadas opiniones ni sus estridentes voces le interesaban en absoluto, simplemente se había acostumbrado a llevarlos con él todos los día,s sin preocuparse de cambiar el dial a otra frecuencia diferente.

Al llegar al desvío donde comenzaba el enjambre de calles del polígono industrial, paró el coche. De frente continuaba la carretera dirección a Zaragoza , a la derecha dos rotondas más allá, estaba la fábrica de tapices donde comenzó a trabajar hacía mas de diez años. Accionó las luces de parada y después de bajar las ventanillas encendió un cigarro. Hacía un par de años que había dejado de fumar pero había vuelto a las andadas hacía unas semanas, poca cosa, uno de vez en cuando y hacia la mitad lo tiraba.

No sabía qué lo ataba a aquel entorno  que se suponía debía sentirlo  como  suyo, tampoco sabía si hacerse ese tipo de planteamientos era una buena señal,   arrancó de nuevo incorporándose a la primera rotonda. Por el retrovisor un par de coches que le resultaron conocidos  le daban alcance,  antes de que se acercaran más,  hundió suavemente el pié en el acelerador dejando a su derecha  la segunda salida que indicaba la dirección  hacia la fábrica. Tomó la última  salida que le devolvía  a la   misma vía por la cual había accedido,  pero  en sentido a la  la ciudad,  consciente de no saber de qué manera, ni porqué razón se estaba entregando a esa nueva e imperativa apatía que dirigía sus actos .

Cuando abrió la puerta aún olía a café.

Pensó si debería llamar para avisar que hoy no acudiría a trabajar. Algunos compañeros habían visto como daba la vuelta con el coche justo antes de llegar al desvío de la fábrica, imaginaba  en esos momentos cómo estarían preguntando qué habría sucedido, estaba convencido de no importarles  lo más mínimo, simplemente les acuciaba la necesidad de averiguar, de sacar conjeturas, de jugar al juego de las posibilidades al margen  de la relevancia de lo sucedido.

Las palabras se atropellaron  cuando habló con Ferran, relató de manera escueta como tuvo que dar la vuelta precipitadamente justo antes de entrar en la fábrica por la llamada de su hermana víctima de un accidente doméstico,  y a pesar de que el incidente no parecía revestir mayor importancia había decidido quedarse a acompañarla el resto del día.  Cuando colgó tenía la boca seca y las manos le sudaban. estaba improvisando demasiado.

Le despertó el inconfundible rugido de un tractor acercándose, parecía que en cualquier momento atravesaría la pared de adobe  y lo arrollaría en mitad de la alcoba; esperó, se dejó guiar por la orientación de su oído y alzó los ojos,  a los pocos segundos pudo ver como pasaba lo que era parte de un gran neumático tras los visillos del ventanuco, a escasos centímetros de la fachada; después poco a poco , escuchó como se alejaba.  Sacó uno de los brazos de entre las mantas y tocó la colcha de lana que cubría la cama, con los dedos comenzó a desprender    bolitas y  después de capturar unas cuantas las giró todas juntas apretándolas y formando una sola  pelotita suave que dejó sobre el cristal que protegía la mesita de noche.

Fijó su mirada en el  techo, las vigas lo  atravesaban verticalmente de arriba a abajo , bloques con forma de cubo en  madera de  color castaño oscuro, de vértices gruesos, con lados  irregulares y  machados,  nada que ver con los maderos prefabricados que remataban los techos de esas bonitas   casas  que hasta hace poco  se  habian construído sin parar por todo el pueblo.

Se alegró de haberlo hecho.

Aún se estremecía recordando las manos de su madre en la espalda, firmes y prietas, la tibieza de sus lágrimas rajando su camisa agujereando su hombro y en un hilo de voz la misma pregunta una y otra vez …qué es lo que haces aquí.  No supo qué contestarla evitó contar que había faltado al trabajo y que una vez de vuelta a su apartamento después de toda la mañana sentado en la cocina  con las persianas bajadas,  había decidido ir hasta allí sin encontrar ninguna razón, dejándose llevar por un impulso, por un deseo repentino que le nacía dentro.

Aspiró lentamente y  contuvo dentro el aire, olía a refugio, olía  a hogar.

Después de varios años todo seguía igual,  las sábanas, la manta de lana, la lámpara quinqué azúl,  el cortinaje con motivos geométricos que cubría el hueco de la puerta  y esa luz que entraba escrupulosa y pulcra por la pequeña ventana matizando cada color y aterciopelando el aire. Nada había cambiado, tan solo él era  distinto, todo lo demás permanecía en su lugar, en su mismo espacio deteniendo el tiempo.

Se llenó de plenitud y de cobijo, se fue vaciando del amargor que adereza el fracaso de la tristeza y del miedo que día tras día se habían ido  acomodado en  su mente y en su cuerpo.

¡Como no se le ocurrió antes! volver al punto de partida, ir a la posición de salida, sin mirar a las gradas,  ignorando los abucheos, sin contar los asientos vacíos,  sin importar cuántas habían sido  las carreras recorridas, las metas alcanzadas, las que nunca fueron conseguidas. En los últimos tiempos  había estado corriendo  fuera de pista, solo, desorientado  sin meta donde al llegar alzar los brazos, había llegado la  hora de tirar  la toalla, necesitaba otra carrera nueva, otro punto de partida.

Miró de nuevo a su alrededor y entendió el verdadero orden de las cosas….

Accionó la tecla  y pulsó el último registro.

-Hola Ferran, soy Francisco tenemos que hablar.

Lehahiah

 

 


Poem of Love – Ikeoya-

                                                                        

14 de FEBRERO

 

 

 

 

 

 

 

 


Outside

 

 

A veces, algunas veces

el mundo se torna un lugar extraño, inhóspito y lejano,

por eso a veces, algunas veces sencillamente me hallo

OUTSIDE.

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“No todo el mundo vivía como ella lo hacía,con la permanente sensación

de haber nacido  en un momento y en un ambiente equivocados”

  (El despertar de la señorita Prim)