Tus palabras serán mis alas

Cosas de Leha

….de Navidad

                                     Abrí los ojos.

decoracion-navidad-vintage-20142Había llegado por fin. Nada era comparable a aquellos días que estaban por venir. La casa olía diferente, el frío en la habitación aun habiéndose intensificado se hacía más soportable. Me giré al lado contrario y subí un poco más las mantas hasta quedar oculta en mi particular iglú de lana. Dentro de esa templada oscuridad encontré  todo aquello que apresuraba los latidos de mi corazón. Cerré los ojos.  El árbol  en sus aderezadas ramas,  sostenía esferas cubiertas de brillantina, campanillas doradas,  pequeñas cajitas recubiertas  en papel de celofán, piñas esmaltadas, ángeles alados,  todos arropados por un tupido espumillón rojo, que  trepaba bordeando desde la  base hasta la estrella que se alzaba en lo más alto del abeto. Disimuladas entre la espesura del verdor, decenas de bombillas  diminutas estrellaban sus colores una y otra vez,  sobre  las paredes del pequeño salón. La mesa extendida  bajo el mantel inmaculado. acogía   la vajilla de fina loza con motivos florales.  La esbeltez y el orden degradado de las copas, anunciaban una larga y especial velada, alumbrada  por la incandescencia de los anchos cirios rodeados de acebo.

 

 Salté de la cama y corrí hacia la estantería.1874888c4828670fdcd180a84792acbf

Los abuelos estarían allí muy pronto, con su escueta maleta de  cuero y sus miradas desbordadas  de gratitud y amor. Mamá  llevaba días que iba y venía, alterada por ver que su  afable rutina, se rendía ante la impronta de quehaceres para que  todo estuviera a punto  y que  hasta el más mínimo detalle, quedara bajo un  silencioso y armonioso control. Papá había abandonado su permanente aire cansado y en el ocre de sus ojos  se adivinaba un nuevo color intenso y al tiempo transparente;  él sabía lo que todos esperábamos con  regocijo:  la noche del  24 de Diciembre, cuando poseído por no sé bien que bendito maleficio,  ignoraba todas las preocupaciones que surcaban su frente y  entonaba los villancicos más desafinados y  más maravillosos que yo jamás había oído, provocando que todos nos uniésemos a él con el pretexto de encubrir su inepta condición de tenor.

871ac40e178d88e31c6145b7a5883c72Alargué un poco más el brazo, hasta tocarlo. Ahí estaba,  esperando ser rescatado de los últimos meses de olvido, cuando la casa volvió a su estado original y la Navidad se replegó al fondo de las viejas cajas  que volvieron a ser  almacenadas en un rincón del trastero.

Abrí el libro por la última página donde rezaba el índice de cuentos y  comencé por el de siempre, el que la  abuela me leyó siendo yo muy pequeña,  un día de Navidad, sentada en su regazo. Desde entonces hasta hoy, me gusta recordarlo; es  una historia escrita sin rastro de imaginación tan veraz era ayer, como lo es hoy, un relato sin final feliz,  al que  se le robó el dulce adiós  de un ….. “y fueron felices y comieron perdices”

Leha

 

 


El Puño Silencioso (25 de Octubre)

Siempre  pensé que un golpe se  siente si un puño estalla en la cara, en el estómago o en cualquier parte del cuerpo.

Que duele solo lo que sangra y  que cuánto más roja y grande es una herida, más  intenso es el sufrimiento.

He preferido  vivir  mucho tiempo  en esa  ahuecada ignorancia, que me protegía de la repugnante realidad.

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Acostumbraba a pasearme  hipnótica  durante mañanas enteras   al cobijo de la multitud, consumiendo  vida al ritmo de una ciudad hirviendo, con la urgencia en los tacones y la rutina contenida  en los  bolsillos.  Me mezclaba entre todos ellos, respirando una normalidad aterciopelada y anónima que me abría  los  pulmones,  intentando aflojar  el  nudo que  la ansiedad  ceñía, cada vez más prieto, alrededor de mi pecho.

En verdad no era para tanto,  yo  no era una de esas pobres  mujeres  que sufren lo indecible y que  para disimular su desgracia,   maquillan sus  moretones con polvos rosados,  porque  su día a día es una cuenta atrás que finaliza, cuando se desata el primer bofetón que da paso a otra paliza más, siempre  al amparo de los muros de un mal llamado hogar.

Lo mío no tenía importancia era…era otra cosa,  triste sí,  pero bien distinta.

Ricardo  siempre fue  de boca ancha y modales estrechos, pero  no  era malo, solo había que saberlo llevar y jamás me puso la mano encima.  La paciencia no era su virtud y los días que llegaba cansado ya sabía, que cualquier cosa sin importancia haría saltar la chispa;  podía ser  una simple  camisa sin planchar,  el ruido del aspirador o el cenicero sin limpiar, entonces  para mantener  bajo control  el tono y el volumen de sus protestas , me callada e iba corrigiendo todo aquello que lo alteraba.

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Lejos de ir apaciguándose, él se iba  mostrando cada vez más irritado por cualquier cosa  y lo peor de todo es que acabé siendo yo el blanco de su mal humor. 

 Me miraba con desdén, casi me atrevo a reconocer que  con desprecio y  me atacaba donde sabía que  me dejaba sin respuesta, disfrutaba haciéndome ver  cuánto y de qué manera había  cambiado mi cuerpo,  ridiculizando  cualquier iniciativa mía de regresar al trabajo; mis opiniones sobre cualquier  asunto las rebatía con desproporcionada   ironía y socarronamente zanjaba el tema de la misma manera  –“ Cállate que no tienes  idea de nada”-esa frase ha quedado por siempre tatuada con su voz, en mi cerebro. Desde entonces siento que tengo poco que decir y  me  he ido dando cuenta de  que apenas hablo. Dejamos de hacer cosas juntos. Alguna vez si salíamos de compras, yo iba todo el camino  tensa, rogando en silencio que por nada del mundo se burlase de mí si decidía probarme alguna prenda que no fuera de su agrado y darle la oportunidad, de escupirme una vez más delante de todo el mundo, que yo ya no tenía cara ni cuerpo para ponerme esas cosas, que ya  se pasó mi tiempo.

Entonces me hacía pequeña y solo acertaba a seguirlo  hasta el coche  para  hundirme en el asiento con el único deseo de llegar a casa, encerrarme en el baño y llorar a gusto, desahogando la rabia del dolor de su puño  golpeándome  sin dejar  eso si, rastro de sangre. 

Ya no me  quedan fuerzas para  levantarme, la realidad es como una lápida que me aplasta sobre el colchón dejándome inútil y vencida; a lo mejor  mañana…mañana quizás tendré el coraje de salir de casa, besarme las ganas y arrancarme de la vida los puñales que me hieren.

Leha

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Decídete

Voy a comenzar confesando algo que me cuesta horrores decir en público :

Noséandarenbici

¡Ya está dicho! venga, ahora te dejo un momentito para que te despiporres a gusto..…ummmm tampoco te pases ¿eh?.. deja que te explique: 

Resulta  que  yo ya nací ocupada y  en toda mi infancia no fui capaz de sacar un ratito para ese menester,  en su lugar, opté por los patines y mis rodillas dan prueba de que el aprendizaje no fue un camino de rosas. También practiqué la técnica del remolque rodado, te dejo un ejemplo ilustrado, para que entiendas en qué consistía esta magnífica experiencia.

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Reconozco que me gustaría, me encantaría, saber dominar eso de  las dos ruedas,  me parece  superdivertido además de  sano y  encima ahora, que está de moda, me siento un poco más extraterreste de lo habitual. Y tú diras ¡pues aprende! pero no, ya  hace tiempo que tiré la toalla, porque aunque no lo creas, tengo los pies en el suelo cuando no vuelo  y soy consciente de que no me puedo permitir los efectos colaterales ( es decir todos los   collejones que conlleva la  etapa de instrucción);  lo primero porque duelen, y sinceramente no le encuentro la gracia por ninguna parte  y lo segundo es que un trompazo en mi cuerpecillo me sale, además del estropicio, carísimo  ( por si no lo sabes cuando estoy  de baja laboral los tres primeros días corren por mi cuenta ¿lo pillas?) Así que lo tengo asumido y cuando me da el ansia del pedaleo , entro en la terraza quito alguna prenda que siempre aparece colgada misteriosamente de la bici estática, me planto mi maillot negro, mis deportivas naranjas, me subo a ella  y coloco el ventilador justo enfrente de mí a la posición 1 (con moderación a ver si por la tontería me zasco una pulmonía y ya me dirás), introduzco los cascos en mis orejillas,  cierro los ojos y ¡¡flipas!!

Te estarás preguntando el porqué de todo esto, tú tómalo  solo como una breve introducción al tema que voy a tratar hoy que es:

LOS CICLOPEATONES 

Esta  modalidad consiste en ir subido en una bici y alternar ser peatón y ciclista al mismo tiempo,  adaptándose a las circunstancias y sobre todo   a lo que más convenga.

Hoy he tenido la ocasión de conocer personalmente a uno de ellos, porque hasta ahora los veía de lejos y me preguntaba cómo serían de cerca.

Al volver a casa, durante un pequeño tramo en el que tengo que incorporarme a una autovía, se ha producido tan esperado encuentro ¡pero yo aún no lo sabía!.

Ahi iba él , tan majo,  por su derecha  pedaleando tan ricamente  y yo como conductora respetuosísima,  calculando  el mejor momento de poder rebasarlo, sin que se viese por ello, perjudicado. Después del adelantamiento, he tomado  la siguiente  salida de la autovía hacia la ciudad, comprobando   por el espejo retrovisor, que él también llevaba mi mismo rumbo.

Al llegar al tercer semáforo ¡¡clinnn!! se cierra.

Disco rojo para todos.

Perdón ¿dije para todos? ¡Pues no!, porque el que yo pensaba que era un simple ciclista, de repente dando un giro, se transforma en peatón y decide unirse a los de su “especie”,  que lo miran con estupor cuando  han sentido  que algo les pasaba al lado como  una exhalación. Acto seguido sube a la acera y continúa su viaje entre los viandantes  a los que va esquivando, como cuando yo hacía las prácticas de bolos en la autoescuela.

Con el semáforo ya en verde retomo la marcha y giro por la calle, en el mismo sentido que mi querido amigo, y cuál es mi sorpresa que estando a su altura, decide que quiere abandonar su condición de vulgar peatón y se une al tráfico rodado; del susto que me ha dado me ha subido el corazón al hueco de las anginas y creo que todavía lo tengó ahí atrancado.  En éstas he bajado la ventanilla y al parar obligados por un  pequeño atasco, miro su rostro engafado (gafas negras pero negras negras), casco rojo y barba de tres días y le digo:

-Oye ¿ pero tú por donde vas?, aclárate porque, ¡vaya susto que me has dado!

A lo que me contesta sin inmutarse

-Voy por donde me sale de los..piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Y como si nada, se ha ido poco a poco serpenteando entre los coches,  hasta llegar al paso de peatones y cruzándolo, de nuevo se ha subido a la acera, mezclándose con los caminantes.

Con esto no quiero que ningún ciclista se me enfade, porque a lo mejor no todos ellos son cliclopeatones,  pero de verdad, y al hilo de una noticia que casualmente he escuchado esta mañana de un atropello ocurrido en Barcelona, pido que del mismo modo que los conductores debemos  extremar las precauciones cuando nos encontramos con un ciclista, ellos tengan la misma deferencia con el resto, tanto con los que van andando como los que vamos al volante. Querer ser peatón y ciclista a la vez, no puede ser

¡Decídete!

Leha

 

 

 

 


Mirror

Me miró, extendiendo su mano preguntó si me atrevía a pasar para poder estar con ella.

No supe que decir.

Mi primera reacción fue pensar  que estaba teniendo una alucinación, fruto del insomnio de las últimas semanas y  a  la tenebrosidad prestada por la noche enlutada en exceso.

Pero  cuando sorprendí a mi imagen sonriéndome  de aquella manera, supe que estaba  traspasando la frontera  hacia la locura.

 

Leha

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Pielpoema

Qué te parece si tus  últimos versos166005_369824146406278_863408881_n

 lo escribes aquí, 

sobre mi piel.

No emplees mayúsculas

Calla los interrogantes,

Deshaz  despacio las  pausas

y llena cada hueco  de  muchos…

….muchos  signos de exclamación.

Leha

 


Urgencia

Ven

Aquí

Ahora

No pierdas un minuto

Sal corriendo

Deja las llaves

Cierra la puerta

Sube al coche

Revienta las ruedas

Extravía la calle

En zapatillas

Con los pies descalzos

En pijama

En chándal

Es igual

¡ No importa!

Déjalo todo…

…Y ven

Que éste agujero que me ha nacido  entre los brazos

solo tú  puedes llenarlo.

Leha

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