Tus palabras serán mis alas

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Un final cualquiera

 

Buscábamos la manera de olvidarnos

de esas minúsculas  cosas

que sin saberlo

nos habían matado

empeñados en sobrevivir como si nada

fieles a  la  bonita costumbre

de estar   juntos.

 

Intentamos   borrar las marcas

con las manos , con la lengua, con los cuerpos

pero las cicatrices seguían allí

señalándonos con el dedo

y sin doler

nos oprimían

y sin sangrar

nos secaban.

 

 

Una tarde saliendo de aquel bar

al agarrar tu mano,

me di cuenta de que ya no estabas.

Llegamos a casa.

El tiempo se me durmió en el regazo

acurrucada en tu sillón favorito.

Cogí mi  paraguas, mis gafas de sol y una  barra de labios.

Abrí la puerta

antes de bajar el último peldaño de la escalera

mi nombre  roto  en tus boca

me empujó   a la intemperie del vacío

camino sin retorno

del que ya no se puede volver.

 

Leha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Bienvenido Septiembre

El inmaculado mantel.

La dorada miel.

El aroma a manzanas.

Septiembre nos ha sorprendido

con las ventanas abiertas y las persianas caídas.

En la novena luna

el cielo siempre retoña

y nada puede impedir  que en nuestro balcón

 cuelguen  guirnaldas.

Leha

 


Versos de Sal

 

A ella no le nacen lágrimas

le brotan versos.

Incendia su tinta el papel.

Y todo en ella se quema.

Y tan solo le queda

un puñado de cenizas

que esparce en el viento

arrulla la brisa su lamento

llevándola a dormir junto al mar.

Leha


Desconsuelo

 

No quiero escuchar lo que me cuentan tus ojos.

Doy media vuelta,

y hago que no te veo,

suplico y rezo porque tus pupilas callen,

así pueda ser, que dejen de sangrarme las heridas,

cuando me arrancas a jirones la esperanza.

Leha


PRONÓSTICO

Hoy voy a verte.

A la hora que el sol entrega sus armas

en una esquina de la vida

hoy me encontraré contigo.

Y tú que tanto me sabes

dejarás crecer en la tierra todas mis rosas

nos beberemos el vino

que cosechó nuestra espera

y prenderemos la luz

de nuestra humilde candela

Leha


ELECCIÓN

Después de tanto tiempo una nueva oportunidad era un regalo.

Tras más de quince minutos intentando aparcar, el cartel del restaurante parpadeaba  al final de la calle. El tráfico era denso y ruidoso propio  en la zona  centro  de cualquier  ciudad al final de la tarde de un viernes.  Estiró las mangas de la americana, apresuró el paso y echó un vistazo a  su imagen reflejada  en el escaparate una antigua y conocida  pastelería que en ese momento bajaba sus persianas.

A lo mejor debería haberse decidido por un look más desenfadado. ¿ Y si  daba la impresión de un  tipo  encorsetado?, además le apretaban los zapatos,  Jorge y su insistencia de prestarle aquellos Martinelli  de una talla menos,  le estaban matando. Notó la humedad en las axilas e imagino los cercos  calados en su camisa.

Se estaba agobiando, así que prefirió fantasear pensando en el encuentro, ¿Cómo  estaría ella después de  ocho años? su rotunda negativa de intercambiarse fotos le hacía plantearse muchas posibilidades y precisamente eso  lejos de tranquilizarle  lo alteró aún más.

Escuchó voces que provenían de un corrillo de gente que obstruía la entrada al local. Algunos encendían un cigarro y  debatían en un tono acalorado  qué opción era la mejor para continuar la velada, entre comentarios jocosos haciendo referencia a los platos   que acababan de  consumir.

Con veinte minutos de retraso y a  menos de dos  metros de la puerta  paró en seco, de pronto  no le pareció tan buena idea intentar  lo que  fracasó  hace años,   una cosa era una conversación de vez en cuando por face y otra bien distinta sentarse frente a alguien que  lleva los posos de  un pasado en común y las huellas invisibles del resentimiento de   una relación, que desde un principio estuvo abocada al fracaso.

Se deshizo de la chaqueta  y la arrojó a manos de   un joven que en ese momento se unía al grupo enmudecido que  le  miraba  perplejo;  se desabrochó la camisa tomo una bocanada de aire y comenzó a correr sin dirección cruzando la calle,  provocando que los coches frenaran bruscamente y desatando los gritos de los conductores que arremetían junto al ruido ensordecedor del claxon,  su comportamiento irracional y absurdo.

En medio de aquel caos, él solo acertaba a huir, a correr  todo lo que sus piernas le permitían, queriendo dejar atrás  un reguero de oportunidades  perdidas.

Leha