Tus palabras serán mis alas

Pequeños momentos

El invierno ha tomado la ciudad y campa a sus anchas. La tarde se estrena con un afilado viento, un poderoso rival frente a los debilitados rayos de un sol que se rinde y asume que hoy solo será luz. La terraza abrigada por los gruesos toldos de lona y las estufas bufando brindan un refugio amable en medio de una temperatura tosca y fría. Todas las mesas se han ido ocupando de gente , de vasos y un contenido jolgorio bulle en la calle.

A poco más de medio metro, de este pequeño recreo, un taxi con la luz roja se detiene.

Dentro, el pasajero se mueve lentamente, al rato abre la puerta por donde asoma un bastón que al poco arranca a un hombre de cabello ralo y blanquecino que se yergue torpemente.

Con movimientos pausados, rebusca en los bolsos de su abrigo, inspecciona de seguido los del pantalón, contrariado, se desabrocha nervioso uno a uno los botones del grueso y largo abrigo y así continúa la búsqueda hasta que al fin, saca una pequeña cartera de uno de los bolsillos interiores.

El conductor baja la ventanilla y resopla impaciente. El hombre azarado abre la cartera y de su interior cae un billete que con su insignificante inercia y con ayuda del audaz viento alcanza los pies de mi silla. Es un billete de 100 pesetas con la imagen del rostro de Manuel de Falla, el taxista me mira incrédulo mientras recojo el dinero y se lo entrego al anciano.

-Gracias guapa.

Dentro de las cuencas, se esconden unos ojos de un azul grisáceo, su rostro armonioso se perfila con rasgos elegantes , algo enflaquecidos.

Con dificultad, lo dobla a la mitad y lo cuela a través del hueco de la ventanilla del conductor.

-Quédese con la vuelta.

Y se aleja,

y mientras se marcha trabajosamente miro su espalda encorvada, sus inseguros pasos y su semblante ajeno y sereno ….el taxista no da crédito pero no rechista, mira de nuevo el billete marrón y busca la complicidad de mi mirada
-Toma creo que si voló hasta tu silla es para que te lo quedes, a lo mejor te trae suerte.

-A lo mejor….

Y lo guardo como un amuleto, como un gesto que me enseña de que algunas pequeñas secuencias de la vida y las personas más sencillas, guardan todos los ingredientes para dar un sentido diferente a cualquier momento insignificante de nuestro día a día.

Leha

Una respuesta

  1. Hola mi bella alitas , tantísimo de no andar por acá bello escrito gracias por compartirlo , ten una muy buena semana me da gusto verte por acá aunque a veces te veo en el face en los espacios de amigas en común siempre es un gusto pasar por tu espacio.
    te mando un fuerte apapacho .

    Me gusta

    15 enero, 2019 en 18:32

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