Tus palabras serán mis alas

BALANCE

Se quitó los zapatos y los dejó debajo de la cama.
La tarde empequeñecía ofreciendo una fatigosa luz que teñía de multitud de tonalidades todo aquello que acariciaba.

Fuera, las campanas anunciaban vísperas y el pueblo, como en un anhelado toque de queda rezumaba sosiego, un respirar apacible y placentero. El otoño asomaba tímidamente de la mano de un ligero aire fresco que finamente se colaba por cualquier rendija de puertas y ventanas de las casas, que en pocos días, volverían a cubrir sus camas de gruesas mantas y en el suelo las esterillas dejarían hueco a suaves y acogedoras alfombras.

Abrió el libro y pasó rápidamente las hojas sin detenerse en ninguna.

Otra historia más

Otro otoño más.

Luego vendría el rudo invierno y los días empobrecerían y las noches difundirían su oscuridad.

Avance y a la vez, retroceso.

Hoy no leería, no sentiría en su piel otra vida que no fuera la suya.

Hoy resumiría en dos columnas el inventario de todos sus años.

Al lado izquierdo y escrito en azul anotaría aquello que había sido capaz de alcanzar, a la derecha en rojo, los proyectos ya gastados que al final quedaron sin estrenar, como un vestido de gala sin fiesta donde brillar.

Mañana echaría cuentas y después…….

……………………………………después ya se verá.

Leha

Una respuesta

  1. Si, mi alitas… y después, ya se verá.
    Un abrazo inmenso.

    Me gusta

    22 octubre, 2018 en 17:56

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