Tus palabras serán mis alas

Domingo

Me gustan las mañanas de los domingos.

Tienen la virtud  de ralentizar las calles, endulzar los sonidos y distanciar todo aquello que se mueve en ellas. Me agrada la sensación de ver  las personas moviéndose despacio  y de manera dispersa por las aceras,  cómo muchos van con la barra de pan bajo el brazo y el diario dominical en la mano dispuestos a comenzar la jornada con ese pequeño ritual festivo.  Observar los semáforos y contar cuantas veces alternan sus luces inútilmente por falta de transeúntes  o de coches y aquellos que circulan, lo hacen sin prisa cómo queriendo respetar la armonía que se irá perdiendo a lo largo del día.

El timbre del microondas me aparta  bruscamente de mis pensamientos. La leche está en su punto quizás algo más caliente, le añado la consabida cucharada colmada de colacao (no soy reenganchada es que nunca lo dejé) y me dirijo a la terraza para sentarme  mirando hacia  la  fachada de enfrente  y sus ventanas recién restauradas.

Decididamente me gusta.

Los vecinos han mandado pintar las contraventanas de diferentes tonalidades, todas alegres y estimulantes, desde que lucen así  me encuentro  en más de una ocasión embobada, mirando como hipnotizada, atraída por la variedad de colores  y la belleza del conjunto.

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Busco entre ellas. La encuentro enseguida  y me veo asomada  en ella

La ventana verde pistacho es la de hoy

Me transmite el equilibrio del día con esa chispa festiva que rompe la rutina. Pero rápidamente pienso que  si esa misma tarde tuviera que volver a asomarme, sería por otra ventana totalmente distinta.

Las tardes de los domingos se enfrentan a las mañanas. Carecen de significado a excepción del último vestigio que queda del remanso concedido por el  confortable reposo que alargo siempre en esta jornada  tras  la comida; después, nunca sé qué hacer con las horas que siguen, me parecen insulsas así que  a partir de entonces me asomaría por la ventana gris.

Alcanzo un bizcocho y lo voy empapando en el colacao.

La contraventana morada que está justo enfrente de mi ventana y que  desde hace semanas cuelga un cartel de se vende,  de repente se abre. Miro atentamente.

El morado  es  mi color preferido y  a pesar de ello cuando he pensado en diversos momentos que me llevarían a asomarme por cada una de esas ventanas,  nunca he encontrado ninguno que  me haya hecho aparecer tras la ventana que se acaba de abrir.

Un hombre aparece delante de mis ojos  en pijama ¡¡¿en pijama en una casa que se vende?!! me sorprende pero eso parece y además el pijama por más que lo miro me resulta imposible de descifrar, el color es sencillamente indefinido; se inclina alarga la mano y descuelga el cartel,  inmediatamente después se percata de mi presencia y se queda mirándome, tal vez sorprendido por mi descaro, allí sentada en primera fila con una taza en la mano.

El bizcocho lleva demasiado tiempo en remojo, pero yo he perdido la noción del tiempo y para evitar su mirada dentro de mis ojos me inclino dispuesta a comer el bollito templado pero ….

¡¡¡Plassss!!!! Cae el trozo de bizcocho como  un torpedo dentro de la taza y la leche salpica gotas tibias de color marrón  por la camiseta y parte de mi cara.

Visualizo mi imagen desde fuera: ojos cerrados, la boca abierta ¡¡menuda estampa!! para colofón siento con rabia como mis inoportunas mejillas se incendian.

Agacho la cabeza instintivamente, y pido por favor que desde donde él está, no se haya dado cuenta.

Abro los ojos y poco a poco alzo la cabeza

Ahí sigue impertérrito, y si, si, está sonriendo, bueno si he de ser precisa, matizaré: se está riendo abiertamente. A estas alturas no sé dónde meterme ni hay sitio para ello,  así que me da la risa nerviosa,  no hay salida.

Me levanto y voy bajando la persiana veneciana de mi sencilla y desnuda ventana y sin poder resistirme, entre las   láminas de aluminio me asomo y  veo como se despide de mí, se agacha al  mismo tiempo que lo hace la persiana, agitando sin parar  su mano  y por supuesto sin perder ni un momento su son—– risa

Lehahiah

14 comentarios

  1. Los domingos tienen algo de bohemio y barriobajero a la vez. Calman y excitan al mismo tiempo. Las horas se cuentan con distinto animo y el sol siempre brilla mas. Dicen q no existen dos domingos perfectos… Pero tampoco conozco dos lunes q los sean seguidos. Los abrazos y las flores ya se encargan también por internet. Se anegan las calles de suspiros por los q desean q no pase y por los q recuerdan el ayer. De unos y de otros, corazón en ristre, ventana a ventana, con pijama o sin el, cada domingo las sonrisas aparecen sin querer.
    Como la mía al leerte y al saber q me vas a leer. Es domingo en tu casa, tras la lluvia, de color morado, suave brisa a tu pelo… Estar aquí… Q placer!
    Un beso mi Leha.

    6 abril, 2015 en 14:51

  2. I wish you a Happy Easter

    4 abril, 2015 en 12:54

  3. pasaje relámpago que llevo prisa pero antes tomas unos besiños..

    te deseo una feliz pascua….

    3 abril, 2015 en 18:57

  4. Eso sera en tu barrio, que en el mio sueltan a los niños!!
    Por lo demás… que bonito, se masca la tragedia, o sea aquí hay temaaaaaa!!!
    De verdad, me ha encantado!
    Besitos desde el averno angelito!

    1 abril, 2015 en 20:51

  5. Hoy es Lunes, Puedo igual imaginarte en esa ventana verde de domingo por la mañana, Muy Buen relato Alitas!!! Siempre te digo Que escribes con mucha dulzura y con todo el corazón…Buena Semana Santa… Besos y muchos cariños amiga…

    31 marzo, 2015 en 0:24

  6. Me he asomado a cada una de tus ventanas…todas me atraen por momentos…es como si tus domingos…repentinamente me hubiesen atrapado en ese túnel de palabras…de escenas que me sumergen en la expresión mas bella de tus pensamientos… Me he asomado a la ventana roja y he visto la expresión de tu rostro iluminando la calle, no he podido evitar sentir que te conozco desde hace mucho tiempo, que te he tomado mucho cariño, que me encanta reconocer entre renglones a Leha , esa amiga maravillosa llena de encanto y creatividad. Muchos besos y abrazos con tus alitas. Elssa Ana

    30 marzo, 2015 en 21:04

  7. Lore.

    ¡Que fachada, que ventanas!!! me han enamorado, ahí quiero yo vivir. Nada me extraña que te haya enamorado. Y el ” tipo”¿estaba pasable?

    Una bonita y bucólica mañana de domingo, ya te veo y te imgino paso a paso como la has descrito. Fíjate como se puede una divertir, mirando desde la venta en un momento oportuno, con ese cola-cao en la mano, y con ese bizcocho chaflado dentro del cola-cao… obviando las gotitas de la camiseta ¡ que rico ! jajaja… el tipo ¿estaba bien?
    jaja un espectáculo…

    Ha sido perfecto, y tu imaginación lo ha hecho maravilloso.

    A mi el domingo, si no ha habido la marcha de sábado, me gusta salir temprano, me encanta esa soledad de las mañanas domingueras en la ciudad, ese frío de este tiempo que te hiela la cara, ese olor a pan recién hecho que llega de las panaderías, el del café de las cafeterías, que te invita a tomarte uno, y desde donde ves las contadas personas que caminan sin poder terminar la noche… y sin poder encontrar sus domicilios.
    Suele ser otro espectáculo esa salida del domingo por la mañana.

    Bueno mi preciosa, que te dejo mi abrazo enorme y mi cariño con todos los besos que necesites.

    30 marzo, 2015 en 20:51

  8. Me gusta ese domingo* tu domingo,

    un relato hermoso!!!!imagino esas ventanas verdes*

    lo escribes tan lindo lo relatas con tanta serenidad

    que parece que estoy ahi , tomando el chocolate y el bizcocho

    besos y cariños***Alitas!********

    buen lunes********

    30 marzo, 2015 en 17:39

  9. Gaviota

    Vengo ahora a darte un abrazo con alas, porqué faltaba… ven abre las alas ahora yaaaaaaaaaaaa

    30 marzo, 2015 en 17:28

  10. Yeste lima

    Uffff….. ya me has alegrado el día, Leha…. me ha encantado tu domingo, tu forma de ver ventanas, tu manera de mojar el bizcocho en el colacao (que por cierto, coincidimos, nunca lo dejé tampoco yo) y tu forma de ir contando el transcurrir del tiempo en colores.

    Pero, qué bien escribes, puñetera!! jajajaja.

    Alados y apretaos

    30 marzo, 2015 en 17:18

  11. Me ha sorprendido tu relato y esa protagonista que amanece y toma su “colacao con los bizcochos”, mientras es la receptora de ese mundo que relatas. Quizás me vi, a mí mismo, también habitual del “colacao y bizcochos”, en un día cualquiera, amaneciendo y mirando por la ventana en busca de los versos para componer mi poema.
    Un abrazo y que tengas unos felices días.

    30 marzo, 2015 en 17:08

  12. isabelmihermana

    Que hermoso relato mi ángel, tal cual es la vida cotidiana en una mañana de domingo, te veo asomada a esa ventana color pistacho, te velo tan hermosa con tu melena al viento y como no con esa taza de colacao y el bizcocho, y esa caida, que mancha el pijama, seguro que si ejeje eres tierna tan sensible que nos trasmites hasta tu respiración con tus letras.
    Me ha encantado niña.
    Muchos abrazos hoy de cine….

    30 marzo, 2015 en 16:53

  13. Que hermoso relato! Como siempre mi imaginación vuela con cada una de tus palabras y siento que VEO, todo lo que tan magistralmente describes! Un beso enorme Alitas!

    30 marzo, 2015 en 16:42

  14. Voy a comprarme un piso delante del tuyo.

    Besos.

    30 marzo, 2015 en 7:43

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